Boletín GEIIC Junio 2020

Patrimonio cultural: ¿compartir para sobrevivir?

 

En la coyuntura actual de la sociedad, cuando la pandemia en la que nos vemos sumergidos está haciendo tambalear muchos de los pilares que se creían fundamentales, y ante la incertidumbre del futuro próximo que parece acrecentará la crisis económica y social de los últimos años, la conservación del patrimonio cultural requiere el planteamiento de estrategias globales y sostenibles.

En el documento de Recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre Sostenibilidad del ICOM (25ª Conferencia Trienal, 2019, Kioto), se reconoce que los museos tienen un papel que realizar en la creación de un futuro sostenible y se propugna la incorporación de la sostenibilidad en sus prácticas cotidianas. En este contexto, los procesos de conservación preventiva, destinados al control de riesgos y a evitar el deterioro de colecciones, adquieren todo su sentido. Y ello gracias al hecho de prever y anticiparse a una futura situación adversa.

Siguiendo esta orientación, hemos asistido en los últimos años al desarrollo de depósitos de colecciones patrimoniales externos, habitualmente alejados de los centros de exposición, que aglutinan tanto salas de almacenaje como servicios necesarios para la conservación de los objetos, facilitando las operaciones y optimizando su eficacia y eficiencia. El almacén ya no está concebido como un lugar donde depositar obras menores, sino como un centro de recursos al servicio de museos e instituciones, con una clara vocación social.

Gordailua, Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa. Alberga fondos de diversa titularidad, que constituyen un colección compartida y sus instalaciones son utilizadas por diversas instituciones.

Es evidente que el depósito debe adaptarse a la infraestructura a la que apoya y que por ello su conformación puede ser muy variada. Entre ellos, los que comparten espacios y albergan colecciones de diferentes museos e incluso de diferente titularidad, con una apuesta común de gestión, suponen un paso adelante en la racionalización del uso de recursos que en su gran mayoría provienen de las administraciones públicas.

Reunir diversas colecciones en un único centro de recursos multifuncional permite ahorrar espacio, costes y energía gracias, tanto al uso compartido como a la mayor frecuencia de utilización de los diferentes espacios que lo componen. Las actividades de los espacios funcionales, los laboratorios, las aulas de formación, las visitas, el apoyo logístico a otras organizaciones refuerzan su rol social en la comunidad. Las sinergias que se establecen entre los equipos de las diferentes entidades permiten unificar sistemas de trabajo y mejorar la gestión global, a pesar de las dificultades obvias de coordinación y de unificación de objetivos que surgen de esta nueva forma de cooperación.

La conservación de las colecciones requiere infraestructuras adecuadas y la tarea debe centrarse en la búsqueda de soluciones menos onerosas a largo plazo (edificios sostenibles, condiciones climáticas ajustadas, instalaciones pertinentes), con vocación de integración y participación social. Compartir puede convertirse en un medio claro y responsable de sobrevivir en una nueva coyuntura, de optimizar recursos escasos y de afrontar la salvaguarda del patrimonio de manera sostenible.

Gordailua. Visita programada. La socialización de las actividades revierte en la mayor concienciación de la necesidad de salvaguarda del patrimonio cultural.

 

Maite Barrio Olano, conservadora-restauradora, historiadora del arte.
Ion Berasain Salvarredi, conservador-restaurador, historiador del arte.
Albayalde-conservatio.