BOLETÍN GEIIC DICIEMBRE 2021

Breve panorámica sobre la protección del patrimonio cultural en contextos de emergencia en España; Lorca y el final del efecto Nôtre Dame.

Ángel Luis de Sousa Seibane (Arquitecto D.G. de Bellas Artes, Coordinador del Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos)

L’Aquila (2009) nos enseñó que era posible atender a las víctimas y a los bienes culturales de forma casi simultánea, y Ángeles Albert apostó por ello creando la Unidad de Emergencias y Gestión de Riesgos en el patrimonio cultural (2010). Lorca (2011) fue esa alternativa taurina donde la Unidad justificó con hechos su necesidad, diseñando la estrategia de recuperación del patrimonio afectado que más tarde se convertiría en un referente internacional, exportado a Filipinas (2013), Ecuador (2016) o México (2017).

Si. Lorca marcó un antes y un después en un escenario administrativo inerte en el que la protección de nuestro legado cultural en situaciones de desastre ni siquiera se consideraba una necesidad. Allí surgieron las polémicas fruto de las cuales esas mismas administraciones se vieron obligadas a ampliar su concepto de “Emergencia”, restringido a las personas, para cumplir el insoslayable mandato constitucional que las obligaba a proteger ese legado al menos con la misma prioridad que cualquier infraestructura pública.

Y el patrimonio cultural comenzó a entrar paulatinamente en los planes estatales de Protección Civil ante diferentes riesgos, y se elaboró el primer Plan de Coordinación y Apoyo para la Protección de Patrimonio Cultural (2012) como una de las herramientas base para la ejecución de esos planes estatales. Después nació el Comité Nacional del Escudo Azul (2013) desde donde, en su reunión constitutiva, se instaba al Estado a la elaboración y puesta en marcha de un plan nacional de emergencias en patrimonio cultural, reto cuya coordinación asumió la Dirección General de Bellas Artes. Apenas un año después (abril 2015), el Consejo del Patrimonio Histórico aprobaba el texto definitivo del Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en el patrimonio cultural (PNEGR) en cuya redacción habían participado, y continúan haciéndolo, un buen número de organismos e instituciones públicas y privadas, y hasta quince técnicos representantes de otras tantas Comunidades Autónomas.

El marco administrativo estaba creado, y ya se podía contar con una herramienta de coordinación no solo para la gestión de los riesgos que puedan afectar la integridad del patrimonio cultural, sino también para dar una respuesta eficaz ante la ocurrencia de eventuales catástrofes susceptibles de ocasionar daños inmediatos.

Y el Plan Nacional comenzó su andadura desplegando sus cuatro grandes líneas de trabajo: los Programas de Documentación e Investigación; los Programas de Formación y Difusión; la creación de nuevas Unidades de Emergencia en patrimonio en las distintas CC.AA., y la elaboración de Planes de Salvaguarda para la protección y rescate de bienes culturales. Esta última línea adquirió en 2018 una relevancia significativa con la creación, mediante resolución administrativa, de un Grupo de Trabajo específico formado por técnicos del sector cultural para la implantación de este tipo de Planes, que finalmente evolucionaría hacia una Mesa Técnica de Coordinación Interadministrativa, que incorporaría técnicos externos de los grupos de intervención inmediata, creada con el mismo propósito.

Cuando toda esta actividad estaba en plena ebullición, arde Nôtre Dame (15 de abril 2019), y los medios ponen sus focos en las medidas que deberían tener previstas las administraciones para evitar este tipo de sucesos. El Ministerio de Cultura reacciona con rapidez. En menos de diez días (24 de abril de 2019), convoca una reunión interministerial al mas alto nivel a la que acuden responsables de todos los departamentos que pueden tener alguna implicación con el patrimonio cultural. En este foro se toman decisiones y se llegan a algunos acuerdos que suponen un verdadero hito en la corta trayectoria evolutiva de este sector como pueden ser: la consideración de la protección y recuperación del patrimonio cultural afectado por un desastre, como un Asunto de Estado (Mº Presidencia); la posibilidad de declarar esa protección y recuperación como un Acontecimiento de Especial Interés Público (Mº de Hacienda); la posible creación de un Centro de Atención a Emergencias en Patrimonio  Cultural 112 (Mº de Interior); o la convocatoria específica dentro del 1,5% Cultural y en régimen de Concurrencia, de ayudas para elaboración de Planes Salvaguarda para instituciones no públicas sin recursos suficientes (Mº de Fomento).

Al día siguiente (25 de abril 2019) se llevó a cabo una reunión extraordinaria del Consejo del Patrimonio Histórico, monográfica sobre Planes de Salvaguarda y presidida por el propio Ministro de Cultura, en la que se presentaron los programas de acción en esta línea y se fijaron los compromisos para su financiación. Los Planes de Salvaguarda para bienes culturales se habían convertido en el instrumento estrella en el que se iba a basar la política de las administraciones públicas para la protección del patrimonio cultural en emergencias, y así fueron presentados en París por el propio ministro de Cultura en la reunión sectorial celebrada unos días después (3 de mayo de 2019).

Pero cuando todo lo acordado comenzaba a ponerse en marcha llegó el virus y este reducido mundo de las emergencias en patrimonio cultural se paraliza y sus valiosos logros comienzan a diluirse, mes tras mes, ante lo que ya era una emergencia a escala mundial, de largo recorrido y futuro incierto. A pesar de que todo lo mencionado en este texto ha quedado recogido en sucesivas actas y notas de prensa y, sobre todo, en el Informe Anual de Seguridad Nacional de 2019, lo cierto es que la mayor parte de los responsables de los departamentos implicados han cambiado, y resultará difícil reconstruir y continuar desarrollando esta secuencia de hechos trascendentales.

El efecto Nôtre Dame se ha perdido, pero ninguno queremos que tenga que arder otro museo u otra catedral para rebuscar entre sus cenizas todos esos altos compromisos, acuerdos y programas de financiación que hoy parecen dormir en el olvido. Que no sea cierto aquello de que solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.