BOLETÍN GEIIC MARZO 2022

LA NECESIDAD DE INCLUIR LA GESTIÓN DE EMERGENCIAS Y RIESGOS EN PATRIMONIO EN LAS ENSEÑANZAS REGLADAS DE CONSERVACIÓN – RESTAURACIÓN.

Soledad Díaz Martínez (CROAPAE. Área de Intervenciones. Instituto del Patrimonio Cultural de España)

 

Caída de dos lienzos de embarrotado y columnas del Palacio de Buenavista (Madrid) por el impacto de un gran árbol caído por el fuerte viento que azotó Madrid en enero del pasado año. Se trató de una emergencia dentro de otra (periodo de emergencia sanitaria COVID-19).

 

Ejercicio sobre los procedimientos y metodología de desinfección y protección de ámbitos patrimoniales, durante el COVID-19. Sede de la Biblioteca Nacional y del Museo Arqueológico Nacional.

 

 

La pandemia de COVID-19 ha supuesto un riesgo sanitario global que ha afectado a los sectores de la articulación social, generando gran vulnerabilidad en el Patrimonio Cultural.

A los devastadores efectos que supuso la falta de accesibilidad a los recintos culturales, hay que sumar durante el confinamiento el aumento del furtivismo favorecido por el abandono y la escasez de vigilancia. ICOM alertó del peligro de muchos contextos arqueológicos y recintos culturales que fueron saqueados durante este periodo. Pero también las inclemencias climatológicas influyen negativamente en el patrimonio al exterior.

Hasta hace muy poco apenas se consideraba que nuestro país estuviese expuesto a fenómenos catastróficos naturales, excepto algunos extremos como los fuegos de la temporada veraniega (muchos intencionados), inundaciones o algún hecho aislado. Pero el terremoto de Lorca, las inundaciones producidas por las “gotas frías” (DANAS), el aumento de intensidad de  las tormentas costeras, otros episodios como la tormenta de nieve Filomena o la reciente erupción volcánica de La Palma, nos han sensibilizado sobre la exposición a riesgos por fenómenos naturales, que debido al cambio climático parecen intensificarse.

La valoración y gestión del Patrimonio Cultural está recogida en la Constitución y otras normativas nacionales y transnacionales, al igual que lo están la gestión de las emergencias de la que se deriva el Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgo en Patrimonio Cultural.

Actualmente los centros académicos que imparten formación reglada a los conservadores – restauradores (CR) establecen programas con asignaturas de humanidades y ciencias, proporcionando las competencias y habilidades necesarias para razonar la ejecución de un proyecto, así como la elección y aplicación del tratamiento más apropiado.

Como en cualquier profesión técnica estos profesionales basan su trabajo en la toma de decisiones, pero a mi juicio en su formación, la programación académica se queda corta en relación al actual mundo cambiante. Hay que adaptar las estrategias de la metodología didáctica a los nuevos retos, con planteamientos de sostenibilidad ambiental, material y económica, con la adquisición de capacidades que permitan el acceso a los sistemas de innovación técnica, monitorización y gestión del Patrimonio Cultural, siendo necesario completar su formación incluyendo una asignatura de Gestión de Emergencias y Riesgos en Patrimonio.

En relación a la prevención de riesgos, el papel de las técnicas de monitorización y el valor de la gestión de la información para la conservación del Patrimonio Cultural, es fundamental. El uso de las nuevas tecnologías es otro requisito indispensable para el ejercicio de la profesión, sin embargo, aprovechar estos avances requiere tiempo para integrar los conocimientos de múltiples campos. Un programa científico de alta calidad en esta disciplina incluiría la realización de sistemas predictivos y de monitorización de riesgo en Patrimonio Cultural, adaptados a la prevención de riesgos y, por consiguiente, a la conservación y gestión del patrimonio.

Dentro del programa académico de esta materia, tampoco puede faltar el conocimiento de los planes de emergencia relativos al patrimonio natural y los recintos que albergan patrimonio mueble o conjuntos inmuebles:

  • Las herramientas de detección (BIM, GIS etc.)
  • La evaluación del riesgo, determinar las amenazas y las vulnerabilidades, la sistematización y grado de la siniestralidad para los bienes.
  • Las acciones de prevención de riesgos, las de respuesta y recuperación, adaptando los recursos para minimizar los daños.
  • El modo de interrelacionarse en una emergencia y la coordinación de los equipos que en los primeros momentos acudirán al siniestro.
  • Los planes de salvaguarda en Patrimonio Cultural.
  • La realización de ejercicios prácticos de simulación.

Consciente de que el currículo actual mantiene un equilibrio milimétrico entre la “teoría” y la “práctica” con un programa muy ajustado, es necesario que los estudiantes tengan la oportunidad de acceder a la impartición de enseñanzas basadas en un proyecto didáctico sobre emergencias y riesgos en patrimonio cultural, y que la asignatura se considere troncal en la formación de los CR de cualquier especialidad.

No se trata de regular la profesión sino de regular la cualificación, planificando las competencias en base a los requerimientos del contexto y las necesidades que demanda la estrategia actual sobre la conservación del patrimonio.

En una situación de emergencia catastrófica, lo primero es atender y poner a salvo a las personas, facilitando el trabajo de los equipos de emergencia. No hubiese querido tener que añadir a las causas de riesgo antrópico la emergencia humana y patrimonial que supone el estallido de otra cruenta guerra.