Boletín GEIIC Marzo 2020.

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LA INSERCIÓN LABORAL. LA PROFESIÓN EN OJOS DE CUATRO NUEVAS RESTAURADORAS.

El siguiente texto cuenta la experiencia de cuatro chicas, las cuales, una vez terminados sus estudios, han conseguido entrar en el mundo laboral en trabajos relacionados con la Conservación, Restauración o Gestión de Bienes Culturales. Todas ellas se graduaron en distintas Comunidades Autónomas, concluyendo su preparación en el máster Universitario en Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Universitat Politècnica de València.

Afortunadamente, han conseguido mantenerse en el ámbito de la restauración, ya que es un hecho, que una gran parte de estudiantes que comienzan esta carrera acaban desistiendo y optando por formarse para otra profesión, o trabajando en algo que no esté relacionado.

Los primeros pasos en el mundo profesional, dejar atrás las clases teóricas y empezar la práctica, la inmersión en la realidad laboral… Son muchas las dudas que surgen cuando dejas de estudiar y aspiras a ser parte del grupo de personas que se dedican a proteger el patrimonio, pero, ¿es para todas las personas igual?, si varias restauradoras han tenido las mismas dificultades en determinados aspectos, ¿acaso hay una laguna de información generalizada al respecto?

La experiencia d de estas cuatro restauradoras da una idea clara, fugaz y actual de la profesión. Esta es la generación que heredará el patrimonio y que quiere luchar para conservarlo, pero, ¿están los estudiantes preparados para recibir tal responsabilidad? A continuación, se presentan las cuatro breves crónicas de estas chicas que han querido contar su humilde visión.

Paula, asturiana de 24 años, emigró para realizar sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente a Valencia para cursar el máster.

Cuando terminó lo tenía claro: quería trabajar en el arte que se está produciendo ahora, con todo tipo de piezas tecnológicas, vídeos, instalaciones… y ahí comienzan las dificultades. Por un lado, se trata de una disciplina aún indefinida, lo que obstaculiza la especialización laboral. Por otra parte, comienza el proceso de realizar un doctorado; con las dificultades que conlleva solicitar y obtener becas para investigación en nuestro campo.

Actualmente ha conseguido una beca FPI de la Universitat Politècnica de València para comenzar su doctorado y se encuentra realizando prácticas en conservación de audiovisuales en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Por lo pronto, su futuro para unos años quedará definido por la investigación, pero, ¿qué aguarda después?

Teniendo en cuenta la precariedad de la carrera investigadora en nuestro país, sumada a la precariedad propia de la conservación-restauración, quizá tenga que comenzar de cero la toma de decisiones laborales al final del doctorado. De hecho, sigue estudiando como forma complementaria la carrera de Derecho para evitar cerrar puertas en un futuro por si le surgen dificultades en la búsqueda de empleo.

Iris, alicantina de 27 años, estudió Bellas Artes en la Universitat Politècnica de València y con el paso de los años inició los estudios del Grado en Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Al finalizar dichos estudios decidió especializarse en pintura mural, en el Máster de la misma titulación.

Todos estos pasos que Iris ha dado a lo largo de 8 años de formación le han abierto algunas puertas hacia el mundo profesional en el ámbito del patrimonio. Sin embargo, estas oportunidades no han sido fáciles de alcanzar, han requerido de un gran esfuerzo y sacrificio personal ya que las posibilidades de trabajar sobre obra real, durante los años de formación, son bastante escasas.

Muchos compañeros de carrera han finalizado sus estudios sin conocer de primera mano qué es intervenir el Patrimonio que exhaustivamente estudiamos de forma teórica. Este tipo de problemática, entre otras, nos hace replantearnos muchas cuestiones entorno a nuestro ámbito de trabajo y entorno a los estudios que nos preparan para salir al mundo real y empezar a trabajar.

Mayte, extremeña de 28 años, estudió la carrera de Bellas Artes en Sevilla, y tras ello decidió estudiar Conservación y Restauración de Bienes Culturales en la Universidad Politécnica de Valencia. Tras el grado, su inquietud le hizo seguir por ese camino realizando máster de la misma especialidad y a su vez pudo realizar prácticas de restauración en el Instituto Universitario de Restauración del Patrimonio. En las prácticas encontró la especialidad a la que realmente me ha querido dedicar, la restauración textil.

Tras 9 años de estudios académicos ha sido difícil poder compaginar trabajo con estudios. Esto lleva a que una vez acabada la formación académica todas empresas exijan tener experiencia. Por ello, tras realizar el máster, tuvo que posponer su proyecto final para poder realizar otras prácticas que le permitiesen que en el día de mañana una empresa confíe en su trabajo.

En su caso, sí que ha podido tocar obra real en el estudio en el que está ahora, y está muy contenta con el recorrido y la experiencia que está adquiriendo, pero sin dejar de lado que son unas prácticas y que llegará el día que se acaben y tenga que enfrentarse al mundo laboral.

Itxaso, alavesa de 26 años, cursó el grado de Conservación y Restauración en la Universidad Pública Vasca. Nada más terminar el grado supo que para insertarse en la vida laboral necesitaría completar sus estudios, así pues, dejó su ciudad natal para realizar el máster de Conservación y Restauración en la Universitat Politècnica de València.

Al finalizar su formación, y gracias a varias prácticas universitarias que pudo realizar (tanto con la Universidad Pública Vasca como con la Universidad Politécnica de Valencia), pudo acceder a obra real de diferentes ramas artísticas y coger un poco de destreza y confianza. Gracias a la experiencia adquirida y a los profesionales que conoció durante las prácticas, logró hacerse un hueco y ha podido restaurar unas pocas obras como autónoma.

Aunque se siente afortunada de poder restaurar patrimonio de su comunidad autónoma, no deja de preocuparse por el futuro incierto que le espera, principalmente fundado por el hecho de no saber cuándo volverá a trabajar, ni durante cuánto tiempo. De momento, no descarta dejar su trabajo como camarera a tiempo parcial ya que es su única fuente de ingresos estables.

Estas cuatro breves impresiones de la inserción laboral de cuatro jóvenes restauradoras pueden ayudar a comprender la situación actual de la profesión, y las dificultades que se presentan en todo el país. Los obstáculos que impiden dar los primeros pasos como trabajadores vienen desde el principio con la falta de información en las carreras universitarias y las pocas opciones que hay para ejercer. Estas opciones se pueden enumerar de este modo:

-Seguir estudiando, con lo que conlleva económicamente, puesto que es difícil compaginar estudios y trabajo.

-Trabajar como autónoma, y aceptar la incertidumbre sobre el futuro en la ocupación.

-Ser contratado por instituciones o empresas, tanto mediante subcontratación u opositando.

-Restaurar pequeñas obras para clientes privados y optar por la economía sumergida, implicando el trabajo no declarado y no regulado.

Está claro que dedicarse a algo tan concreto no siempre tiene ventajas, aunque cuando lo consigues, como lo han conseguido otros profesionales antes, este no deja de ser un trabajo enriquecedor, que fomenta el pensamiento crítico y que debemos lograr estabilizar para esta generación. Es fundamental luchar ahora por nuestra profesión, para que la cultura sobreviva, en buenas condiciones, vengan los tiempos que vengan.

Pero lo más importante es asegurarse que, los y las estudiantes que realicen el cambio generacional en el mundo de la conservación y restauración, estén lo más informados y preparados posibles, para así poder ejercer en las mejores condiciones posibles.

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